Nomás nos acercamos a la primera catarata y mi mente viajó 28 años al pasado y recordé que uno se empapaba (y que el impermeable daba una falsa sensación de seguridad); pero hey, las risas no faltaron.
Le gusta hacer reír a sus compañeros, y a veces nosotros debemos de contener la risa cuando hace algo que no es apropiado, pero es muy difícil ya que es muy simpático.
Desde ese día ya la ha aplicado varias veces el “¡no la mamá!, ¡no la mamá!”; aunque a veces la cambia por “¡no la papá!, ¡no la papá!”. Nuestro traviesísimo hermoso.
Lo más irónico es que ya llevo más de dos semanas que no he encontrado el tiempo para jugarlo jaja. Este es mi intento de homenajear el arte del juego, aunque tengo que confesar que los lentes que me puse no van muy bien con el estilo.